Si, tal y como cuenta la leyenda, Zeus -el rey de los dioses- había privado a los humanos de su fuego, el catolicismo nos revela que el Espíritu Santo nos infunde el fuego de su amor, para júbilo y consuelo de la humanidad entera. Si Prometeo, en dicha fábula mitológica, se vio en la tesitura de robarle el fuego a Zeus del Olimpo, para que las personas tuviésemos acceso al mismo, la Fe Católica nos presenta a Dios como el Ser más generoso, para comunicarnos que no tenemos la desgracia de depender exclusivamente de la generosidad y la valentía de un hombre pecador, sino que ya contamos con el amparo del Todopoderoso; y que si hay un hombre que vela por todos nosotros con un amor inefable, no es un imperfecto Prometeo, sino Dios Hijo, que vino al mundo por la redención de nuestros pecados, y que forma una unidad trinitaria indisociable con Dios Padre y Dios Espíritu Santo.
Autor: Ignacio Crespí de Valldaura
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