Entre los dogmas inatacables que profesan nuestras élites culturales, tan viejunas y periclitadas (pero todavía en el machito, repartiendo bulas y anatemas), figura la convicción de que la literatura digna de tal nombre debe excluir la inquietud religiosa. Todo escritor que desee ser encumbrado en nuestro purulento cotarrito cultural debe hacer pública profesión de ateísmo; o, mejor todavía (obras son amores), probarlo a través de su obra, donde las inquietudes religiosas deben brillar por su ausencia, o en todo caso ser tratadas con condescendencia (y siempre aprovechando para retratar a los creyentes con rasgos caricaturescos o malignos). Nuestro cotarrito cultural considera que creer en Dios es un error nocivo; y, para combatir ese error, aplaude las novelitas en las que se prueba que Dios ya no es necesario, bien porque el hombre se ha endiosado hasta construir un mundo…
Autor: Juan Manuel de Prada
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