El árbol de la cruz es solitario. A la resurrección le salen enseguida amigos, pero la cruz tiene muy pocos. Y, sin embargo, sin muerte no hay resurrección, sin calvario no hay tumba vacía y, como decía Lope de Venga, sin «cruz no hay gloria ninguna».
Nuestra naturaleza, comprensiblemente, rechaza este árbol, porque es el resumen de todo dolor, oscuridad, angustia, fracaso y muerte. En la cruz, sin embargo, está todo auténtico consuelo, porque en ella está Cristo, que es nuestra vida, nuestra paz y nuestro paraíso.
Para no perder las buenas costumbres de otros años, traigo hoy al blog un pobre sonetillo sobre el árbol de la cruz:
Autor: Bruno Moreno
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