Permítanme que hoy les cuente una historia muy personal, no para colocar en primer plano el dolor de una madre, sino para rendir homenaje a los sacerdotes, a los capellanes de hospital y a esa labor callada que realizan en los pasillos donde la vida y la muerte se cruzan sin pedir permiso, y donde ellos se convierten en un sostén invisible que solo se aprecia cuando el alma se agrieta.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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