(ZENIT Noticias / Tel Aviv, 21.04.2026).- La destrucción de un crucifijo en una pequeña aldea libanesa ha tenido repercusiones mucho más allá del lugar donde se produjo. Lo que comenzó como un acto cometido por un solo soldado se ha convertido en un caso de prueba para la rendición de cuentas, la sensibilidad religiosa y la frágil coexistencia de la fe y la fuerza en una zona de conflicto.
El incidente tuvo lugar en Debel, una aldea predominantemente cristiana en el sur del Líbano, donde un soldado de las Fuerzas de Defensa de Israel dañó una estatua de Cristo con un martillo. El acto, grabado y posteriormente difundido, rápidamente desató la indignación entre los cristianos locales y atrajo la atención internacional. En zonas como el sur del Líbano, donde las comunidades cristianas han sufrido décadas de inestabilidad y emigración, tales gestos no se perciben como…
Autor: Redacción Zenit
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