Llevo meses pidiéndole a Dios sentimiento, desde que releí Ortodoxia y Chesterton me señaló con el dedo llamando locura a mi exceso de razón… y hoy, tras la visita del Papa a España, soy incapaz de quitarme ese nudo en la garganta, esa lagrima a punto de salir todo el día, esa sensibilidad especial para las cosas de Dios que se ha visto removida. Un acto tras otro, algo se agita en el interior, como el Papa cada vez que subía a su papamóvil, y en un instante lograba emocionarnos cómo sueñan los mejores directores de cine durante años de trabajo.
Autor: Albert Schaefer
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