Arranca el tuit de Borja Escrivá con ese tono paternalista de catequista de parroquia en los años ochenta: “No os preocupéis”. Traducción: no penséis, no comparéis, no saquéis conclusiones incómodas. La historia —dice el cura— es cíclica, y en la Alemania nazi los católicos que se plegaron al régimen se libraron del martirio. Hoy no hay sangre, pero sí “ridiculización” y “presión mediática”.
El problema es que la historia, cuando se conoce de verdad y no en versión tuit pastoral, suele ser cruel con este tipo de discursos. Porque si algo enseña es que las grandes traiciones en la Iglesia no las protagonizaron los laicos incómodos, sino clérigos obedientísimos al poder de turno.
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Autor: Carlos Balén
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