El siglo IV, tantas veces idealizado como una época de serenidad espiritual, fue en realidad un campo de batalla teológico. Tras la paz de Constantino, la fe dejó de esconderse en catacumbas para exponerse a una nueva amenaza: la mundanización del clero, la politización de las decisiones doctrinales y, sobre todo, la explosión de herejías que pretendían redefinir el cristianismo desde dentro. En ese torbellino surgieron dos columnas que sostuvieron la ortodoxia: san Atanasio y san Agustín. Dos hombres distintos, dos temperamentos opuestos… y una misma misión: defender a Cristo y su Iglesia cuando muchos preferían ceder.
San Atanasio: el obispo que no se doblegó
En la disputa arriana —la herejía que negaba la divinidad de Cristo y amenazaba con desfigurar el núcleo de la fe— Atanasio no fue simplemente un teólogo brillante; fue un luchador. Joven sacerdote durante…
Autor: INFOVATICANA
Hábitos del Padre Pío que todos los católicos podemos practicar
San Pío de Pietrelcina, más conocido como el Padre Pío, nos deja unos hábitos espirituales que debemos conocer para vivir una vida más cercana a Dios. Continúa leyendo este artículo…
8 razones que explican por qué muchos católicos ni evangelizan ni se lo han planteado ni plantearán
Dwight Longenecker es un conocido sacerdote católico con amplia experiencia. Converso al catolicismo su camino hacia la Iglesia fue paulatino pues pasó de pastor fundamentalista protestante a evangélico de tipo carismático, luego…
El mundo necesita discípulos católicos contraculturales
¿Qué hay de ti y de mí? ¿Has muerto al pecado? ¿Vives para Dios? ¿Persigues la santidad? ¿Estás rezando íntimamente todos los días? ¿Proclamas el Evangelio? Estas son algunas de…


















