El siglo IV, tantas veces idealizado como una época de serenidad espiritual, fue en realidad un campo de batalla teológico. Tras la paz de Constantino, la fe dejó de esconderse en catacumbas para exponerse a una nueva amenaza: la mundanización del clero, la politización de las decisiones doctrinales y, sobre todo, la explosión de herejías que pretendían redefinir el cristianismo desde dentro. En ese torbellino surgieron dos columnas que sostuvieron la ortodoxia: san Atanasio y san Agustín. Dos hombres distintos, dos temperamentos opuestos… y una misma misión: defender a Cristo y su Iglesia cuando muchos preferían ceder.
San Atanasio: el obispo que no se doblegó
En la disputa arriana —la herejía que negaba la divinidad de Cristo y amenazaba con desfigurar el núcleo de la fe— Atanasio no fue simplemente un teólogo brillante; fue un luchador. Joven sacerdote durante…
Autor: INFOVATICANA
Existencia de DIOS: 16 Pruebas irrefutables (e innegables)
Recopilación de 16 pruebas empíricas y científicas de la existencia de Dios. ¿Existe Dios? ¿todo ha sido creado por casualidad? La existencia de un Creador es un tema del que…
Los 18 beneficios de asistir a la Santa Misa
La misa es el encuentro con Dios Nuestro Señor, pero no sólo con Él, también con nuestro interior, haciendo que mejoremos cada día más como personas. Este encuentro con Nuestro…
El cielo es la Plenitud de la comunión con Dios
Aprendamos un poco más sobre la comunión con Dios y cómo nos ayuda a mejorar nuestra vida y, al mismo tiempo, ayuda a mejorar la vida de los demás, porque…



















