El siglo IV, tantas veces idealizado como una época de serenidad espiritual, fue en realidad un campo de batalla teológico. Tras la paz de Constantino, la fe dejó de esconderse en catacumbas para exponerse a una nueva amenaza: la mundanización del clero, la politización de las decisiones doctrinales y, sobre todo, la explosión de herejías que pretendían redefinir el cristianismo desde dentro. En ese torbellino surgieron dos columnas que sostuvieron la ortodoxia: san Atanasio y san Agustín. Dos hombres distintos, dos temperamentos opuestos… y una misma misión: defender a Cristo y su Iglesia cuando muchos preferían ceder.
San Atanasio: el obispo que no se doblegó
En la disputa arriana —la herejía que negaba la divinidad de Cristo y amenazaba con desfigurar el núcleo de la fe— Atanasio no fue simplemente un teólogo brillante; fue un luchador. Joven sacerdote durante…
Autor: INFOVATICANA
No celebres Halloween, sino quieres rendir a Satán sin saberlo.
Holywins, es la alternativa al culto a los demonios que celebramos cada primero de noviembre Tal vez muchos de nosotros hemos celebrado Halloween cuando éramos niños, porque nos parecía divertido…
Jacinta Marto, la pastorcita que nos enseña el valor del sacrificio
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Consejos para una llevar una vida Cristiana
Llevar una vida Cristiana que agrade a Nuestro Creador y a Nuestra Madre, no es difícil, y menos aburrida, como muchos pueden creer. Sin embargo, necesita dedicación. No basta con…



















