La primera imagen que se le viene al corazón a Fernando cuando piensa en su hermano sacerdote, Juan Manuel Uceta, es una sonrisa: «sincera, contagiosa, signo de un alma llena de Dios». Esa alegría, unida a una larga enfermedad vivida como «vocación dentro de la vocación», marcó a quienes le trataron en Mora, en el Seminario de Toledo, en sus parroquias, en el diálogo interreligioso, en la Capilla Musical y entre los jóvenes de Hakuna.
Autor: Luis Javier Moxó Soto
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