Durante muchos años, la inversión publicitaria de las instituciones eclesiales se movió en un terreno impreciso, casi artesanal. Anuncios en prensa, cuñas de radio o patrocinios difusos se justificaban con argumentos genéricos sobre presencia pública, prestigio o influencia social. Era un mundo de métricas débiles y controles laxos, en el que la buena fe parecía suficiente garantía. Ese mundo ya no existe.
La publicidad digital ha introducido una novedad decisiva: la objetivación. Hoy los impactos se cuentan, las audiencias se auditan y los costes por mil impresiones se comparan con facilidad. Existen precios de mercado, referencias claras y alternativas múltiples. Esto no es una cuestión ideológica ni tecnológica, sino jurídica: cuando una decisión económica es medible, también es evaluable. Y cuando es evaluable, genera responsabilidad.
Sin embargo, una parte de…
Autor: Miguel Escrivá
Los hallazgos científicos que sugieren su autenticidad como reliquia de la Sábana Santa de Turín
Los partidos políticos españoles no quieren a los provida cerca de los abortorios. Les hemos hecho daño y van a por nosotros….seguir leyendo
Consejos para una llevar una vida Cristiana
Llevar una vida Cristiana que agrade a Nuestro Creador y a Nuestra Madre, no es difícil, y menos aburrida, como muchos pueden creer. Sin embargo, necesita dedicación. No basta con…
Articulo Juan Manuel de Prada ‘Un Poco de Paciencia’
Terminábamos nuestro artículo anterior con una observación muy atinada de Concepción Arenal, que nos alertaba sobre los males más pavorosos, que no son los que «las leyes condenan y la…


















