En estos días se nos hace presente la grave preocupación por nuestra vieja y desnortada Europa cuando seguimos oyendo tambores de guerra que pueden acabar en una expropiación de la tierra y de la historia del pueblo de Ucrania, por los intereses prepotentes de los nuevos amos del mundo, entre el histriónico tío Sam y el ambicioso Zar. El gran talento de Fiodor Dostoievski hablando de la música rusa decía que había tristeza en sus notas, una noble nostalgia: el anhelo de un bien ausente perdido o que no acabamos de encontrar.
Autor: Monseñor Jesús Sanz Montes
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