Ya no hay castigos, sino consecuencias. El maestro ya no enseña y educa, se somete al alumno y a sus padres. Los amigos ya no están en el parque, sino ante móviles de estaño, cobalto y plástico. El porno, a la orden del día, ya no es un pecado a combatir, sino una realidad global a descubrir para “conocerse a uno mismo” desde la infancia. Decir “no” genera traumas y atreverse a mencionar la virtud como fin de la educación evoca un pasado conductista a desterrar.
Autor: José María Carrera Hurtado
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