Por el P. Thomas G. Weinandy, OFM, Cap.
Recientemente hablaba con uno de mis hermanos capuchinos que acababa de regresar de visitar a su familia. Me comentó que alrededor de la casa de su hermana había muchas mofetas. Estos animalitos pueden ser bastante simpáticos, pero son famosos por su capacidad de rociar un líquido de olor fuerte y desagradable. Dios, en su providencia, y de una manera que solo Él podría haber concebido con tal ingenio, dio esta capacidad a las mofetas para protegerse de los depredadores. Mi hermano relató que el perro de su hermana acababa de ser víctima del ataque de una, y que solo después de tres baños se le quitó el horrendo olor.
Al investigar un poco más sobre las mofetas en Internet, encontré un relato fascinante de un jesuita que había llegado a lo que hoy es Estados Unidos y Canadá. Estaba maravillado por las muchas especies de animales…
Autor: The Catholic Thing
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