Hay algo curioso en la forma en que hablamos de nuestros talentos. Cuando alguien canta bien, escribe con facilidad o tiene una inteligencia luminosa, solemos reaccionar con admiración… y con una especie de prudencia social. Admiramos el talento, pero parece que reconocerlo demasiado abiertamente resulta incómodo. Como si aceptar que uno tiene un don fuera, de alguna manera, una falta de humildad.
Autor: Matilde Latorre de Silva
La Iglesia al fin de los tiempos
Artículo realizado por el Padre Emmanuel André X. El Advenimiento del Juez Supremo Vano es intentar precisar la hora en que tendrá lugar el segundo advenimiento de Nuestro Señor,siendo como es…
Comulgar en la boca en época de pandemia
Te queremos compartir este artículo del Padre Ángel María Rojas, S.J. escrito en agosto del 2020, donde nos explica cómo comulgar en la boca, sobre todo, en estos tiempos de…
¿Cómo ayudar a las Almas de tu familia en el Purgatorio a llegar al Cielo?
“No basta ser santo ante los hombres, sino que hay que serlo delante de Dios. ¡Recen por mí!”. Palabras impactantes del Monseñor Marengo, Obispo de Carrara, a una religiosa de María Auxiliadora…


















