Hay algo curioso en la forma en que hablamos de nuestros talentos. Cuando alguien canta bien, escribe con facilidad o tiene una inteligencia luminosa, solemos reaccionar con admiración… y con una especie de prudencia social. Admiramos el talento, pero parece que reconocerlo demasiado abiertamente resulta incómodo. Como si aceptar que uno tiene un don fuera, de alguna manera, una falta de humildad.
Autor: Matilde Latorre de Silva
La Nueva Era, una secta de cuidado
El reiki y la Nueva Era (New Age) se han extendido cada vez más por la sociedad buscando el bienestar físico y mental que producen. Conoce todos los detalles y…
Articulo Juan Manuel de Prada ‘Un Poco de Paciencia’
Terminábamos nuestro artículo anterior con una observación muy atinada de Concepción Arenal, que nos alertaba sobre los males más pavorosos, que no son los que «las leyes condenan y la…
¿Cómo rezar cuándo nos abruma las preocupaciones?
Las emociones que acompañan a las crisis son a menudo descritas como una sensación similar a olas gigantes rompiendo tú alrededor. Por eso, en sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola proporcionaba el…


















