Hay algo curioso en la forma en que hablamos de nuestros talentos. Cuando alguien canta bien, escribe con facilidad o tiene una inteligencia luminosa, solemos reaccionar con admiración… y con una especie de prudencia social. Admiramos el talento, pero parece que reconocerlo demasiado abiertamente resulta incómodo. Como si aceptar que uno tiene un don fuera, de alguna manera, una falta de humildad.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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