Nos quejamos de la monotonía con una disciplina casi monástica. La vida es repetitiva, previsible, plana. “Necesito un cambio”, decimos con convicción. Y, sin embargo, cuando el cambio aparece —en forma de mudanza, giro profesional, ruptura de etapa o simple sacudida interior— activamos un mecanismo de defensa sorprendentemente sofisticado para conservar exactamente aquello que ayer nos pesaba. Queremos novedad, pero sin sobresaltos. Transformación, pero sin desorden. Renovación, siempre que no implique mover los muebles del alma.
Autor: Matilde Latorre de Silva
8 Claves para activar y acercar más fieles a nuestra parroquia
Ahora es cuando se necesita recuperar la vida Espiritual y la Fe, que nos llevará a la felicidad y tranquilidad anhelada. En este artículo te daremos algunas ideas…seguir leyendo
El cielo es la Plenitud de la comunión con Dios
Aprendamos un poco más sobre la comunión con Dios y cómo nos ayuda a mejorar nuestra vida y, al mismo tiempo, ayuda a mejorar la vida de los demás, porque…
Los beneficios de la oración
“Más que nada, la oración te permite echar un vistazo a tu interior y alinearlo con el corazón de Dios. La oración no es un monólogo en el cual nos…



















