Hubo un tiempo en que las iglesias eran auténticos refugios de lo sagrado, espacios que elevaban el alma hacia lo eterno. Entrar en ellas era entrar en la Casa de Dios.
Todo, desde el imponente altar mayor hasta las vidrieras que filtraban la luz celestial, hablaba de un misterio que superaba al hombre. Hoy, muchas de esas iglesias han sido sustituidas por edificios que parecen salidos de un catálogo de oficinas o de un almacén frío y desangelado. Uno entra y no encuentra la grandeza de lo divino, sino la funcionalidad de lo práctico.
¿Qué nos ha pasado? ¿Cuándo dejamos de construir para Dios y comenzamos a construir para los hombres?
Podríamos achacar este fenómeno a varios factores. En parte, la crisis de fe que ha barrido Europa en las últimas décadas ha hecho que muchas comunidades no se sientan capaces de justificar el gasto de una arquitectura bella. ¿Para qué…
Autor: Jaime Gurpegui
Misericordia de Dios: Nunca se cansa de perdonarnos
La misericordia de Dios se manifiesta de diversas formas, ya sea a través del apoyo y la consolación de otras personas, del sacramento de la confesión que nos permite liberarnos…
No celebres Halloween, sino quieres rendir a Satán sin saberlo.
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¿Sabes lo que sucede durante la celebración de la misa?
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