Hay momentos de la historia eclesiástica en que las almas parecen mezclarse como sombras en un vitral al atardecer, traspasadas por una misma Luz; y otros, como el hodierno – ¿lo enderezará el León, cuyo davídico XIV suscita esperanza?- en que cada tipo humano se dibuja con exuberante nitidez, emergiendo así, en el teatro bimilenario de la Iglesia, hoy tan desnortada, cuatro perfiles, no químicamente puros.
El neocón actual es, sin duda, la figura más acrobática del reparto. En el período inmediatamente anterior, de no fácil recordación, se ejercitó en un grotesco sinfín de contorsiones intelectuales que dejarían tamañitos a trapecistas, saltimbanquis y cristobitas de todo jaez. Sufrió más de cien sobresaltos doctrinales; cien boutades le irritaron la trompa de Eustaquio; le desconcertaron cien decisiones quia nominor Leo (aunque no era León); le aterraron cien…
Autor: INFOVATICANA
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