En los últimos años buena parte del discurso eclesial se ha volcado en asuntos mundanos como el cambio climático, las políticas migratorias o el diálogo interreligioso. Son temas relevantes, pero que a menudo desplazan el centro de gravedad de la vida de la Iglesia. Mientras desde Roma se organizan sínodos, conferencias y documentos sobre cuestiones superficiales, apenas se habla de aquello que es raíz de todo lo demás: la fe, la gracia, el pecado, la liturgia y la salvación de las almas.
Existen problemas silenciosos, profundamente espirituales, que últimamente no aparecen en los planes pastorales ni en los supuestamente activos equipos sinodales, pero que minan el corazón mismo de la Iglesia. Clasificarlos en cuatro es una reducción insuficiente, simplista e imprecisa, pero creo que en un contexto confuso concretar ideas puede ser algo útil.
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