Hay momentos en la vida en los que uno comprende, casi con un golpe de luz, que la sinceridad tiene un precio. No suele ser un precio espectacular ni dramático: a veces basta una molestia, una tensión o una distancia inesperada. Pero ahí, en esa pequeña o gran pérdida, se revela algo esencial: la sinceridad cuesta, sí, pero también libera. Y esa liberación, cuando proviene de un trabajo interior serio y de un diálogo sincero con Dios, vale infinitamente más que todo lo que se haya podido perder por el camino.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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