Hubo un tiempo en que noviembre era una amenaza. Cada día pesaba más de la cuenta y el aire parecía conspirar contra la alegría. Había nombres que dolían solo con pensarlos y fechas que se presentaban sin ser invitadas. Pero Dios, con su paciencia de cirujano, acaba por coser, incluso las heridas más hondas.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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