«Si tú te haces cauce, Yo me haré torrente», aseguraba Santa Catalina de Siena, que le susurraba Dios al oído. Y, el filósofo Ortega y Gasset, completaba la idea: «Pero el río se abre un cauce y luego el cauce esclaviza al río».
Cualquier persona que desee construir una casa sabe que antes necesitará colocar unos andamios que le permitan llegar a las plantas de más arriba. Entendiendo, sin embargo, que el fin último de ese despliegue de barandillas, plataformas y anclajes es, únicamente, terminarla correctamente para que, un día, pueda ser habitada. Algo muy similar, se podría decir del mundo de la cocina, donde, para hacer un bizcocho, se necesitará, siempre, un buen molde, que impida que la masa, a lo largo de la mesa, se desparrame informe. Siendo consciente, ¡hasta el más cándido pastelero!, que cuando el horno haga su efecto, la horma, indefectiblemente, le será…
Autor: Juan Cadarso
Los 12 pasos que nos llevan a la esclavitud del orgullo, según San Bernardo
El orgullo es un pecado que puede manifestarse de diversas formas y llevarnos por un camino de autodestrucción espiritual. Continúa leyendo este artñiculo para conocer cuales son los pasos que…
5 maneras de oír lo que Dios te está diciendo
Dios siempre nos habla en diferentes momentos y de diferentes maneras. Esa es la premisa básica del libro Discernimiento del difunto Henri Nouwen, sacerdote católico romano, autor de 39 libros y…
¿Cómo rezar cuándo nos abruma las preocupaciones?
Las emociones que acompañan a las crisis son a menudo descritas como una sensación similar a olas gigantes rompiendo tú alrededor. Por eso, en sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola proporcionaba el…



















