Gracias a Dios, Maria no me ha hecho correr casi nunca a urgencias. Sólo una vez durante el verano del covid, se había quedado a dormir en casa de una amiga y la madre me llamó para decirme que le costaba respirar como si tuviera asma. Ya puesto en pie terminé la llamada y sin volverme a sentar me despedí de mis amigos. La amiguita vivía en el Tibidabo y yo estaba cenando en Els Pescadors, literalmente la otra punta de la ciudad. No había taxis, tomé una de las bicis de alquiler del ayuntamiento y pedaleé tan rápido que creo que sin saberlo batí algún récord. Detuve al primer taxi libre que encontré, dejé la bici tirada, y enseguida llamé al Hospital de Barcelona, expliqué los síntomas de la niña, me dijeron que no me preocupara que no eran graves y aunque aquello me tranquilizó, cuando por fin la recogí y noté que efectivamente respirar le costaba me puse tan…
Autor: Salvador Sostres
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