No seamos, pues, ni perros ni cerdos, para merecer que el Señor nos llame hijos, del mismo modo que también la cananea mereció ser llamada no ya perro, sino mujer, al decir el Señor: Oh mujer, grande es tu fe; que te suceda según deseas 🔹San Agustín. Sermón 60A, 4🔹
Autor: Néstor Mora Núñez
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