Me veo en la obligación de romper el silencio que prometí al señor director de este diario. Un silencio gozoso y esperanzado: uno ya no mira al pasado, ni se duele de los placeres idos y de las impotencias de la carne; ni se atormenta buscando volver a una luciferina eterna juventud. Tampoco rinde culto a un cuerpo cada vez más vulnerable y frágil. No, no. El único recuerdo que me hace llorar es el de mis pecados. Mi alegría, la del Cielo. Mi paz, la misericordia infinita del Buen Dios. Si una vida es poco para reparar, cuanto menos lo es una década de más o de menos. El mundo ha pasado con sus vanidades: humo perdido son los deseos, los proyectos, los logros, los seres queridos, ¿qué nos dio el mundo que no hayamos perdido? ¿Llorar perdidas? ¡No! Esperar las ganancias donde no hay gusano, ni polilla, ni herrumbre, ni miedo, ni odio, ni mentira, ni traición, ni…
Autor: La Columna del #CoronelPakez
Jacinta Marto, la pastorcita que nos enseña el valor del sacrificio
El 20 de febrero se cumplió el centésimo aniversario de la muerte de Santa Jacinta Marto, la pastorcilla de Fátima fallecida en Lisboa con sólo diez años. Todos conocemos la …
5 maneras de oír lo que Dios te está diciendo
Dios siempre nos habla en diferentes momentos y de diferentes maneras. Esa es la premisa básica del libro Discernimiento del difunto Henri Nouwen, sacerdote católico romano, autor de 39 libros y…
¿Cómo rezar cuándo nos abruma las preocupaciones?
Las emociones que acompañan a las crisis son a menudo descritas como una sensación similar a olas gigantes rompiendo tú alrededor. Por eso, en sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola proporcionaba el…









