Al hilo de la polémica de la prohibición de los comulgatorios por parte del obispo de Charlotte, en contraste con la recuperación de los mismos por parte del obispo de Portland, se abre una reflexión interesante. En muchas iglesias, el comulgatorio ha desaparecido sin ruido y casi sin explicación, como si se tratara de un vestigio prescindible de otro tiempo. Sin embargo, una mirada serena —libre de prejuicios y nostalgias— muestra que rescatar su uso tiene ventajas claras, tanto desde el punto de vista litúrgico como pastoral y práctico. Lejos de ser un mero elemento decorativo, el comulgatorio responde a una lógica profundamente coherente con la naturaleza del acto que acoge: la recepción del Cuerpo de Cristo. Estos son cinco argumentos prácticos para recuperar su uso.
1. Orden y fluidez en un momento central de la Misa
El comulgatorio introduce un orden sencillo y…
Autor: INFOVATICANA
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