Hay un fenómeno muy actual que merece artículo propio, discernimiento serio y quizá hasta confesión: el burnout. O, como me gusta llamarlo, «¡me voy a Cuenca!», porque me recuerda a Coque Malla en «Todo es mentira» y, además, decirlo en voz alta alivia un poco. Es ese estado espiritual y vital en el que uno vive permanentemente “encendido”: disponible, comprometido, servicial, rezador, productivo, visible… hasta que el cuerpo y el alma se conjuran y gritan a la vez: basta.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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