La ciudad de Burgos ha celebrado un año más, este 28 de diciembre, la tradicional fiesta del obispillo, una costumbre de origen medieval ligada a la festividad de los Santos Inocentes, en la que uno de los niños de la escolanía de la Catedral asume de manera simbólica el papel de obispo durante una jornada.
Una tradición con siglos de historia
La figura del obispillo hunde sus raíces en la Edad Media y fue especialmente relevante en las grandes catedrales europeas. En Burgos, la tradición consistía en elegir a un niño del coro catedralicio para recordar, mediante una inversión simbólica de los roles, una verdad evangélica fundamental: la primacía de la humildad, la inocencia y el servicio frente al poder.
Lejos de cualquier burla, el obispillo representaba un ejercicio pedagógico y espiritual, tanto para los niños como para el clero y los fieles, recordando que la…
Autor: Redacción
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