«Ya está. Lo tengo. El rostro de Jesús que siempre he buscado. Tiene un aire ingenuo, como Tintín. Pómulos rosados, dos puntitos tiernos, traviesos… y un bigote fino y risueño, como yo. Estamos en marzo de 2020. Estoy confinado en París. Y dibujo constantemente, sin parar. Durante años di vueltas, iba de un extremo al otro. Pero este encierro, la soledad, hace que mi mano nunca deja de dibujar… saca cosas de mí», escribe Benoît Donon en La Vie.
Donon nació en la región de Versalles (Francia), en una familia católica no muy expresiva, donde la fe no se mostraba con palabras, sino con actitudes. Es el mayor de cuatro hermanos y ya desde pequeño tuvo una gran sensibilidad y sentido artístico. «Siento que el trabajo de las manos es más importante que el trabajo intelectual», reconoce.
Su fuerza compensa mi debilidad
A los once años, Benoît empezó a recibir clases…
Autor: G. de A.
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