Cuando a sus 36 años David Martínez rememora su entrada en la edad adulta afirma sin complejos que hizo lo que quiso, renegó de Dios, consumió multitud de sustancias, practicó la Nueva Era y profesó desde el misticismo o el ateísmo hasta el anarquismo o el materialismo. Lo podía aceptar todo buscando la verdad, siempre y cuando se alejase de las «alarmas» que hacían saltar «todo lo católico».
Por eso, conocer los planteamientos de Gustavo Bueno, síntesis del «ateísmo católico» y del materialismo filosófico rompieron todos sus esquemas.
Pero a sus 18 años todavía estaba lejos de leer España frente a Europa o La fe del ateo. Criado en una familia «rebotada» de la Iglesia, cuenta en Mater Mundi cómo su padre le envió junto a una tribu de Brasil en plena selva amazónica para vivir de cerca las prácticas sincretistas que su tía estaba importando a España.
Allí participó en lo que…
Autor: José María Carrera

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