Me voy a la cama, son casi las doce, y de pronto una luz interior me hace poner la mirada en Cuenca, en un obispo y en una fecha. Es algo que cambia los planes para pasar de un día al otro de una manera totalmente inesperada: escribir unas líneas en recuerdo de mi querido Cruz Laplana, el obispo mártir de Cuenca que entrega su alma a Dios en la noche del 7 al 8 de agosto de 1936. Tengo que decir que sólo lo conocía de oídas, pero este año el Beato Cruz Laplana ha entrado de lleno en mi vida. Son cosas de la vida, cuando uno mira al cielo y sabe quien lleva todo para bien de nuestras almas.
Autor: Rafael Pascual Elías OCD
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