La fiesta de Pentecostés siempre me invita a releer una obra sublime de mi padre San Juan de la Cruz, la Llama de amor viva, este poema con su respectivo comentario nos mete de lleno en lo más profundo de la tercera Persona de la Santísima Trinidad y todo lo que obra en un alma que se deja transformar por este Fuego divino.
En esto me quiero parar, en lo que el Espíritu Santo obra en un alma cuando se deja transformar. Es una condicional, si te dejas transformar. Para ello hay que querer llenarse de Dios Espíritu Santo, conocerlo, amarlo y abrirse a su acción. Esto mismo es lo que he vivido hace pocos días al ser testigo de primera línea de la acción del Espíritu en una celebración singular, la confirmación de unos adolescentes de 15-16 años. Podía ser una entre tantas. Pero no ha sido así. Seguir semana a semana, mes a mes, durante dos cursos el crecimiento…
Autor: Sólo Dios basta
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