La señora Larisa Okhotenko vivía en Popasna (o Popásnaya), entonces una población de unos 20.000 habitantes en Lugansk, Ucrania oriental. Cuando empezó la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, apenas llevaba 7 meses jubilada. «No me sentía pensionista», decía. Había disfrutado una larga vida laboral: 58 años como médica. Ahora quería disfrutar de su nuevo ritmo y de los nietos e incluso bisnietos.
Veía que alguna gente mayor iba a la iglesia, pero ella no se consideraba «tan mayor» como para eso. Creía algo en Dios, a su manera, sabía que había católicos y ortodoxos, pero la religión, en realidad, no le interesaba. Las regiones de Donetsk y Lugansk, repobladas por los soviéticos con obreros ateos, son las menos religiosas de Ucrania.
Tampoco los combates y bombardeos que se escuchaban desde 2014 en la cercana Pervomaisk asustaban a la señora Larisa. Era…
Autor: Pablo J. Ginés
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