Recuerdo que siendo un monaguillo con apenas siete u ocho añitos, era el encargado de dirigir el rosario en la parroquia de mi pueblo desde el púlpito, y que al acabar el rezo todos los días rezaba una oración por el concilio que, como pueden imaginarse, ni sabía que era eso del concilio. Era igual. Sacaba mi papelito y oración por el concilio. Me vienen a la memoria los cambios litúrgicos, sorpresa semana tras semana, los nuevos cantos, pequeñas cosas. Quizá fue conociendo lo que era al iniciar los estudios telógicos.
La expectación ante el Vaticano II fue grande. Las esperanzas, todas. Pero, vamos a reconocerlo, algo no salió bien. Trabajamos en la viña del Señor con toda la ilusión del mundo, bebimos de la teología mas rabiosamente postconciliar y nos dejamos el pellejo en la causa del evangelio. La primavera primaveral. Convencidos no. Convencidísimos.
Autor: Jorge González Guadalix
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