Por Stephen P. White
La historia de la salvación es larga. Comienza, como leemos en el Génesis, incluso antes de la propia Creación. Antes de que existieran el espacio y el tiempo, Dios ya estaba preparando todo lo que habría de desplegarse. La culminación última de esa historia aún nos es desconocida, aunque se nos ha revelado en parte. Nuestra propia participación en la historia de la salvación se va desarrollando a cada instante. Y aunque Dios lo comprende todo desde fuera del tiempo, nuestras acciones y decisiones cooperan (o no) con el plan que Él estableció antes de la fundación del mundo.
Nosotros, las criaturas humanas, no somos seres eternos; tenemos un comienzo. Aunque nuestros cuerpos son mortales, nuestras almas no lo son; no tienen fin. A diferencia de Dios, somos cambiantes —mutables, en el lenguaje de teólogos y filósofos— tanto en nuestros cuerpos…
Autor: The Catholic Thing
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