El padre Cristiano se trasladó de Brasil a Malawi, en África, movido por una convicción tan antigua como la propia Iglesia: anunciar a Jesucristo. Todo empezó al aceptar una invitación del padre Federico Highton para incorporarse a una misión ad gentes en la diócesis de Karonga. Lo que encontró al llegar terminó de confirmar su vocación. A pocos kilómetros del aeropuerto se topó con niños que pasaban hambre y, más adelante, con comunidades marcadas por religiones animistas. Lejos de desanimarle, aquello hizo crecer todavía más en él el deseo de anunciar el Evangelio: «Me dio muchas más ganas de continuar la misión y ayudarlos a conocer al único Dios, que es Jesucristo».
Autor: José María Carrera Hurtado
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