Por Mons. Robert J. Batule
El Papa san Juan Pablo II inicia su encíclica sobre las misiones (Redemptoris missio, 1990) citando a san Pablo en su Primera Carta a los Corintios. El Apóstol de los gentiles escribe allí: «¡Ay de mí si no anuncio el [Evangelio]!». (1 Corintios 9,16)
Esto es exactamente lo que esperamos que diga san Pablo. Al fin y al cabo, fue el mayor evangelizador de la Iglesia en el mundo antiguo, y sigue siendo el ejemplo par excellence de lo que nosotros mismos estamos llamados a hacer a la luz del Bautismo y de nuestro deseo del Cielo. Pero podría haber cierta reticencia a la hora de aceptar el Evangelio si entendemos la palabra «ay» desde un solo punto de vista. Y con esto me refiero a considerar que el «ay» se refiere únicamente a calamidades.
En efecto, no faltaron calamidades en el ministerio de Pablo. Fue azotado con varas y encarcelado en Filipos….
Autor: The Catholic Thing
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