Abrumado. Es la palabra exacta.
Les contaba el otro día la despedida en Piñuécar. Bien me creía yo que ahí paraban las emociones. Total, despedida por todo lo alto había tenido también en Braojos y La Serna y solo quedaba Gandullas, que apenas hacía dos años que me lo adjudicaron. Mis previsiones eran claras: un adios tras la misa del sábado y algún achuchón a la salida.
Son 75 habitantes y a la misa dominical, que celebramos el sábado por la tarde, suelen acudir en torno a quince personas. Pues bien, me revisto y cuando salgo a decir misa me encuentro la iglesia llena. Más de medio pueblo. Y acaba la celebración y ahí que me sale Paquita leyendo una cosa. Je. Porque hubo merienda, regalos, una carta preciosa.
- Pero bueno, si apenas he estado aquí un par de años.
- Sí, pero le hemos cogido mucho cariño.
Así empezaban su carta: «Querido Don Jorge:…
Autor: Jorge González Guadalix
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