Hay una forma muy eficaz de desperdiciar talento: fijar por decreto la fecha de caducidad. Y en la Iglesia lo hacemos con una serenidad burocrática que ya la quisieran en la Seguridad Social. A los 75 años, el obispo presenta la renuncia. No porque esté incapacitado. No porque haya perdido la fe, la cabeza o la voz. Simplemente porque cumple años. Como si el Espíritu Santo —perdón: el calendario— soplara con especial intensidad en las velas del 75.
La idea, además, viene con etiqueta de “reforma” moderna: se consolidó en la época de Pablo VI, cuando se decidió que lo pastoral debía llevarse con el mismo entusiasmo con el que se gestionan las jubilaciones en una ventanilla. Queda muy razonable en papel: “renuncie a los 75”. Lo que no queda tan razonable es la pregunta obvia: ¿por qué 75? ¿Por qué no 72, 78 o “cuando ya no puedas con el alma”? La…
Autor: Carlos Balén
Jacinta Marto, la pastorcita que nos enseña el valor del sacrificio
El 20 de febrero se cumplió el centésimo aniversario de la muerte de Santa Jacinta Marto, la pastorcita de Fátima fallecida en Lisboa con solo diez años. Todos conocemos la…
La Nueva Era, una secta de cuidado
El reiki y la Nueva Era (New Age) se han extendido cada vez más por la sociedad buscando el bienestar físico y mental que producen. Conoce todos los detalles y…
El cielo es la Plenitud de la comunión con Dios
Aprendamos un poco más sobre la comunión con Dios y cómo nos ayuda a mejorar nuestra vida y, al mismo tiempo, ayuda a mejorar la vida de los demás, porque…


















