Se ha muerto en un visto y no visto mi fiel lector, y amigo, José Manuel Lenzano. Muchos hemos anhelado que nos llegara la muerte después de haber bajado la basura, habiendo recogido la cocina y cuando el banco hubiera pasado, por fin, la última letra de la sepultura. Sin embargo, puede que nos hubiéramos equivocado. Quizá, ahora me doy cuenta, la muerte debía tener algo de ladrona… para cumplir mejor su cometido. Para sorprendernos, un poco, al menos, y gritar bien fuerte: ¡estuvo vivo! Y para arrancarnos de cuajo, a los de este lado, del tener que seguir tejiendo… el pálido lienzo de las horas.
Autor: Juan Cadarso
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