Los matrimonios se enfrentan a desafíos diarios durante toda su vida: discusiones, reconciliaciones, enfrentarse a una hipoteca, educar a los hijos, elegir su educación, conciliar los trabajos con la vida familiar o simplemente cuadrar las cuentas mensuales. No siempre en el matrimonio se está de acuerdo en todos estos temas, pero de la entrega de cada uno depende que al final no sean puntos que acaben separando.
Pero a la vez se dan casos en los que en un matrimonio la fe no es compartida. ¿Qué hay que hacer cuando uno de los cónyuges es creyente y otro no? Que el aspecto más importante para uno no sea compartido por la persona con la que pasará el resto de su vida es un aspecto a cuidar y a trabajar para que el matrimonio no se resienta.
Susan Ciancio ofrece en Human Life Internacional cinco sugerencias para ayudar al cónyuge no creyente, y por tanto al matrimonio:
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Autor: ReL
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