La leyenda del Carmelo hace santo propio a este eremita, cuya memoria recogen casi todos los menologios orientales, siempre añadiendo una leyenda laudatoria.
Impulsado por las Escrituras
Según nos ha llegado, fue San Ciriaco hijo de un presbítero llamado Juan, y su madre se llamaba Eudoxia. Su tío, obispo de Corinto, viendo las prendas de sabiduría, piedad y sensatez impropias de su corta edad, lo tomó junto a sí, y con solo 10 años le ordenó de lector de su catedral. Este oficio le hizo conocer y amar las Sagradas Escrituras, en las que hallaba consuelo, inspiración y por las que sentía crecer su deseo de ser totalmente para Cristo.
Aún era adolescente cuando las palabras de San Mateo 16, 24 («si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, tome su cruz y sígame») se le revelaron como definitivas y apremiantes. Sin más dilación lo dejó todo, se fue…
Autor: Ramón Rabre
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