Santa Hildegarda de Bingen nació en 1098 en Bermersheim, en el valle del Rin (actual Renania-Palatinado, Alemania), en el seno de una familia noble. Fue la décima hija de Hildeberto de Bermersheim y Matilde de Merxheim-Nahet, y según la mentalidad medieval de la época fue ofrecida a Dios como “diezmo”, destinada desde su nacimiento a la vida religiosa.
A los catorce años se enclaustró en el monasterio de Disibodenberg junto a la condesa Judith de Spanheim, quien la había instruido en el rezo del salterio, en la lectura del latín, en la Sagrada Escritura y en el canto gregoriano. En 1114 profesó bajo la regla benedictina y, tras la muerte de Judith en 1136, fue elegida abadesa de la comunidad.
Experiencias místicas y visiones
Desde niña, Hildegarda experimentó visiones acompañadas de luz, colores y música, que interpretó como mensajes divinos. En 1141, a los 42…
Autor: INFOVATICANA
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