Cuando Mary Sue se puso de parto en 1981 creyó perderlo todo. Su hijo, Jacob, no solo llegaba prematuro, sino también con un quiste en el riñón que amenazaba aún más su frágil vida. Tanto para ella como para el bebé que nacía y su padre, Kenneth, comenzaba una larga travesía que en todo momento estaría marcada por la lucha por vivir y defender al pequeño de quienes menos esperaban, pero también plagada de milagros y una comunidad que afloró y se unió en torno al pequeño.
Autor: J.M.C.
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