El 1 de noviembre de 1512, solemnidad de Todos los Santos, la humanidad contempló por primera vez la bóveda de la Capilla Sixtina, pintada por Miguel Ángel Buonarroti. Aquel día, en el corazón del Vaticano, se abría al público una de las obras más sublimes del genio humano y, al mismo tiempo, uno de los testimonios más elocuentes de la fe cristiana expresada en arte.
El papa Julio II había encomendado a Miguel Ángel, escultor por vocación más que pintor, la tarea de decorar el techo de la capilla papal. Durante cuatro años —entre 1508 y 1512— el artista florentino trabajó casi en soledad, suspendido sobre un andamio, enfrentando el cansancio, la incomodidad y la magnitud de la empresa. El resultado fue una sinfonía visual sin precedentes: más de 300 figuras que narran la historia de la Creación, la caída del hombre y la promesa de la Redención.
El Renacimiento…
Autor: INFOVATICANA
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