Hay frases que repetimos como si fueran axiomas universales, pequeñas consignas modernas que damos por hechas sin preguntarnos si realmente nos pertenecen. “Quiero llegar lejos”, decimos. “Qué lejos has llegado”, nos dicen. Y todos asentimos, como si avanzar hacia lo lejano fuese siempre el triunfo, como si el mérito estuviera inevitablemente ahí: en alejarse, en superarse, en conquistar espacios cada vez más distantes del punto de partida. Pero ayer, en un instante de lucidez que no busqué, me descubrí pensando —quizá por primera vez con absoluta sinceridad— que lo que yo quiero no es llegar lejos. Quiero llegar cerca. Y el pensamiento me estremeció como un terremoto silencioso, porque entendí que a veces el camino del “éxito” te estira tanto que terminas lejos de todos, incluso lejos de ti.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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