La conocí en Las Vegas y lloraba porque no iba a poder comprarse un vestido de John Galiano negro y sin mangas. Costaba 1.800 dólares y ella se puso a estudiar durante meses las estrategias del blackjack, cuándo pedir, cuándo plantarse, aprendió a dividir y a redividir y a contar cartas, secuencias y mazos, así que con los 470 dólares que tenía ahorrados se fue al casino del hotel Bellagio convencida de que podría multiplicarlos y en 15 minutos lo había perdido todo salvo 20 dólares y ya se marchaba «no tengo realmente nada que hacer aquí» y mi esposa que justo volvió del baño le dijo «todavía tienes veinte dólares» y se los jugó en una máquina tragaperras y ganó 3.000, casi el doble de lo que necesitaba.
Sé el esfuerzo que has hecho por pagar estas vacaciones, por llevarte bien con ella y que te han llovido martillos y que te han llovido clavos. Sé que tus…
Autor: Salvador Sostres
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