Roma – En la Iglesia «todo debe ser conforme a las exigencias del anuncio del Evangelio; no a las opiniones de los conservadores o los progresistas, sino al hecho de que Jesús llegue a la vida de las personas». Y esto puede ocurrir fácilmente cuando uno se deja arrastrar y sigue dócilmente la acción del Espíritu Santo, «que precede a los misioneros y prepara los corazones». Porque «el protagonista» del anuncio cristiano no es la Iglesia, no son los Apóstoles, «no es Pedro, Pablo, Esteban o Felipe, sino el Espíritu Santo». Es el Espíritu Santo, y no las estrategias de los hombres, el «motor de la evangelización». Por eso la Iglesia debe invocar y rezar incesantemente al Espíritu Santo.
Con estas y otras sencillas y evocadoras alusiones, el Papa Francisco ha vuelto a sugerir cuál es la fuente y la finalidad de la misión de la Iglesia, y la acción que le…
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