Si los humanos no fuéramos por naturaleza unos seres muy incoherentes, debería resultar de lo más chocante, al menos para quienes tengan un mínimo de instrucción, el hecho de que siga en aumento el número de ateos, al tiempo que la ciencia, desde hace aproximadamente un siglo, no cesa de acumular pruebas y evidencias de que Dios existe.
Me surge esta reflexión al hilo de la lectura del libro Dios. La ciencia. Las pruebas, de dos científicos franceses, Bolloré y Bonnassies (Editorial Funambulista), que de una manera nítida, objetiva, apabullante, demuestran que la filosofía materialista (la que cree en la eternidad de la materia y en el evolucionismo omnipotente) es ya indefendible, que el cosmos tuvo un origen y tendrá un fin, que la vida no pudo surgir por evolución de la materia inerte y, lo que a mí más me importa, que el espíritu, con toda su complejidad, tampoco…
Autor: Enrique Álvarez
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