Hacía tiempo que algo no iba bien en la familia, asolada por «tremendos problemas» que comenzaron cuando el hijo de diez años de una preocupada madre comenzaba a mostrar signos de una aparente posesión. Se autolesionaba, el crucifijo le quemaba las manos como si de descargas eléctricas se tratase, las habitaciones estaban infectadas de olores ácidos y la televisión se apagaba y encendía sola en altas horas de la noche.
El culmen fue, al instalar cámaras, ver cómo sombras negras se movían por doquier. Fue entonces cuando la aterrada madre acudió a José Luis Rubio Willen, director de la Comisión de Beatificación de Isabel la Católica. El sacerdote acogió al joven afectado o «vejado» y le enseñó las labores de monaguillo. También regaló a la familia una imagen de la Virgen y un rosario de la Sierva de Dios Isabel y estampas, recordándoles rezar pidiendo su…
Autor: José María Carrera
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